
Hoy he hecho un descubrimiento trascendental; me he dado cuenta, muy a mi pesar, de que desentono con mi entorno. No me refiero a esto en el sentido de que no convino cromáticamente a nivel indumentaria (cosa que es real, pero no me preocupa en lo más mínimo). Me refiero a mi inserción a nivel social: no voy con la gente, cuando camino por la calle (es un decir, en realidad voy por la vereda – tan estúpido no soy como para caminar por la calle, sobre todo teniendo en cuenta como conducen los mendocinos), decía, caminando por la calle notaba como al común del peatón no le molesta en los mas mínimo los miles de millones de mamíferos bípedos que caminan en las inmediatas proximidades de su persona, lo que es otra manera de decir que no les jode todos los pelotudos que se amontonan, pegotean, acumulan a su alrededor.
Yo, por mi parte, no soporte el amontonamiento de gente, me enferman las personas que caminan casi pisándote los talones, que cuando te paras a ver una vidriera se te pegotean al lado para ver lo que miras, no aguanto las millones de personas que, cual ganado, van marchando en una dirección. Lo cual me lleva al punto principal de la cuestión que me aqueja (hoy, que me aquejan muchas cosas en la vida… ahora que lo pienso puede que sea medio quejoso… mmm… no, es que los demás están mal) a mi, lo que más me molesta es que involuntariamente voy contra la corriente. Volviendo a lo que comentaba más arriba, resulta que cuando todo Mendoza viene por la vereda de norte a sur, a mi se me hace indispensable ir de sur a norte, no por capricho u obstinación, es que indefectiblemente necesito llegar a un lugar (sea comercio, iglesia, bar, sinagoga u otro) para lo cual debo luchar contra esa corriente humana, donde pululan los carritos de bebes rompe tobillos, hormiguean seres olorosos, hierven mujeres obesas con miles de bolsas (y el elemento de rigor: el niño llorando), proliferan las personas transpiradas, así que el llegar a mi objetivo se transforma en una aventura épica donde por espada tengo mi celular (inútil como elemento contundente), por escudo mi mochila, y con la única motivación la convicción de que no volveré jamás, JAMÁS, a meterme en tal brete, me repito que es la ultima vez que voy contra la corriente, que es mejor dejarte llevar por la corriente (a algún lado voy a llegar) total, como diría un soldado rodeado por el enemigo en un momento de sensatez: si no puedes contra ellos, úneteles.
Pero, también desentono con mis costumbres, no me gusta Tinelli e indefectiblemente en mi lugar de trabajo TODOS HABLAN DE TINELLI, que si viste como canto fulano, que feo que patino mengano, que bien que cocino sultana. Me tiene arto patinando, depilando, canturreando y todos los ando!!!
Y para colmo no voy con los gustos, no me gustan los pantalones que te llegan debajo de la rodilla, que son largos o cortos?. Si tenes frío no te abrigan, te entra el chiflón por abajo. Si tenes calor, tenes casi toda la pierna tapada, no son mejores unos shorts?. Para que ponerte dos remeras una arriba de la otra? ESTAMOS EN VERANO! (Dios, que me estoy haciendo viejo, critico como se visten los jóvenes).
Ni con las modas, y si por alguna casualidad se pone de moda algo que me gusta como los comics, me embola porque yo que tengo mil remeras de comics desde chico, ahora parezco uno de los miles de boludos que descubrieron los comics hace 3 años con las películas. Así que ya no soy un freeke orgulloso con la remera de Spiderman que conseguí después de recorrerme medio Chile transpirando como puerquillo mientras mi familia tomaba sol en la playa, ah no, ahora soy uno de los miles de millones que después de ver la película, dijeron: “Que copado el tipo ese que tira piolas de las manos, me voy a comprar una remera”, y listo, porque ahora las remeras las venden hasta en las ferreterías de barrio. Y después de todo, ni siquiera quiero usar la remera, porque si te cruzas con uno de los arriba expuestos, te tira una mirada onda “andamos en la misma”, COMO SI FUERAMOS IGUALES! Y no, que si para algo he gastado una fortuna en comics, no ha sido para que uno que se piensa que Gwen Stacy esta viva me mire haciéndose el cómplice conmigo…uf! Ya esta, me desahogué.
Pero todo lo que dije no importa, porque al final del día llego a casa con mi esposa y me doy cuenta que ahí encajo y ella me comprende, y que eso es lo único importante.

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