
Oh, oh, oh! Llego la navidad, y con ella los turrones, la garrapiñada, comidas ricas en calorías, carbohidratos, hidrocarburos y lo que sea (de nutricionista lo único sé es que: si es rico, engorda), todo muy lindo, salvo que acá ESTAMOS EN VERANO!!!
Pero bueno, lo que dicta nuestra alma mater cultural del norte es sagrado. Así que a llenar el arbolito navideño con algodón cual copitos navideños, a agarrar al gordo de la familia y vestirlo de rojo con barba y todo, miralo que lindo el tío Manolo disfrazado de Papa Noel, si esta tan emocionado que hasta tiene la cara empapada de lagrimas. Lo que en realidad pasa es que el tío Manolo esta transpirando como cochino, porque entre la barba y el trajecito (más los 35 kgs. de más que se carga) parece que estuviera en un sauna.
Pero bueno (si de nuevo), todo sea por idolatrar a un seudo santo pagano rediseñado por Coca Cola, yo aviso, si el 25 a la madrugada me levanto y encuentro a un viejo gordo en el living dejándome paquetitos, primero le parto una silla en la espalda, y segundo tiro los paquetitos (que el Bin Laden ese anda amenazando con nuevos atentados, según me contó mi amigo George W.).
Si en todo caso, el viejo ERA Papa Noel, y bueno, a lo hecho pecho, me quedo con la bolsa con regalos, los que no use los vendo en alguna esquina céntrica, y lo mejor: empiezo a ir a todos lados montado en reno.
Pero volviendo a esta época puntual, me olvido de lo mejor, las compras… LAS COMPRAS! Nada se compara con ir al centro, a compartir con el resto del universo (porque ese día se les ocurre a TODOS salir de compras) la algarabía navideña, los precios módicos, el exquisito clima, la calidad de atención en los locales, porque si hay algo lindo, más lindo que festejar con la familia, más lindo que enunciar nuevos deseos para el año que viene, más lindo que todo eso: es transpirar como pingüino en Mar del Plata, caminar entre gente (MUCHA, MUCHISIMA), ser asaltado por los precios (“la velita navideña? Son $47, señor”), transpirar más, que las señoras con carritos de bebes te pisoteen entero, porque: que mejor que un carrito donde esta tu propio hijo recién nacido para abrirte paso entre el gentío? Dele señora, úselo como ariete.
Y a esto le sumamos el humor de la gente, nada mejor que ir al centro después de ver una de esas películas navideñas yankis donde todo es alegría, la gente va cantando por las casas, los jardines y techos están llenos de lucecitas, hay un Papa Noel en cada esquina, todo nevado prolijamente y, si por alguna circunstancia del guión, pasara algo malo, al final todo es felicidad con risas y pavo para la cena. Nada mejor que ver esto y después ir al centro, uno va con una sonrisa de boludo como si la gente fuera a cantar villancicos en la calle, y se encuentra con que!? Con calor (se que lo repito mucho, pero es que es lo peor), con miles de personas luchando como orcos del Señor de los Anillos por una remera de $10 rebajada a $25 (!?), y todo para que? PARA QUE? Para gastarnos el aguinaldo en 3 regalos para 16 familiares, donde 2 de esos 3 regalos son invariablemente de tema navideño, osea que para el 6 de enero van a quedar en el olvido del ultimo cajón del ultimo mueble de la cochera hasta el 8 de diciembre (fecha de gran importancia).
Pero bueno, lo que dicta nuestra alma mater cultural del norte es sagrado. Así que a llenar el arbolito navideño con algodón cual copitos navideños, a agarrar al gordo de la familia y vestirlo de rojo con barba y todo, miralo que lindo el tío Manolo disfrazado de Papa Noel, si esta tan emocionado que hasta tiene la cara empapada de lagrimas. Lo que en realidad pasa es que el tío Manolo esta transpirando como cochino, porque entre la barba y el trajecito (más los 35 kgs. de más que se carga) parece que estuviera en un sauna.
Pero bueno (si de nuevo), todo sea por idolatrar a un seudo santo pagano rediseñado por Coca Cola, yo aviso, si el 25 a la madrugada me levanto y encuentro a un viejo gordo en el living dejándome paquetitos, primero le parto una silla en la espalda, y segundo tiro los paquetitos (que el Bin Laden ese anda amenazando con nuevos atentados, según me contó mi amigo George W.).
Si en todo caso, el viejo ERA Papa Noel, y bueno, a lo hecho pecho, me quedo con la bolsa con regalos, los que no use los vendo en alguna esquina céntrica, y lo mejor: empiezo a ir a todos lados montado en reno.
Pero volviendo a esta época puntual, me olvido de lo mejor, las compras… LAS COMPRAS! Nada se compara con ir al centro, a compartir con el resto del universo (porque ese día se les ocurre a TODOS salir de compras) la algarabía navideña, los precios módicos, el exquisito clima, la calidad de atención en los locales, porque si hay algo lindo, más lindo que festejar con la familia, más lindo que enunciar nuevos deseos para el año que viene, más lindo que todo eso: es transpirar como pingüino en Mar del Plata, caminar entre gente (MUCHA, MUCHISIMA), ser asaltado por los precios (“la velita navideña? Son $47, señor”), transpirar más, que las señoras con carritos de bebes te pisoteen entero, porque: que mejor que un carrito donde esta tu propio hijo recién nacido para abrirte paso entre el gentío? Dele señora, úselo como ariete.
Y a esto le sumamos el humor de la gente, nada mejor que ir al centro después de ver una de esas películas navideñas yankis donde todo es alegría, la gente va cantando por las casas, los jardines y techos están llenos de lucecitas, hay un Papa Noel en cada esquina, todo nevado prolijamente y, si por alguna circunstancia del guión, pasara algo malo, al final todo es felicidad con risas y pavo para la cena. Nada mejor que ver esto y después ir al centro, uno va con una sonrisa de boludo como si la gente fuera a cantar villancicos en la calle, y se encuentra con que!? Con calor (se que lo repito mucho, pero es que es lo peor), con miles de personas luchando como orcos del Señor de los Anillos por una remera de $10 rebajada a $25 (!?), y todo para que? PARA QUE? Para gastarnos el aguinaldo en 3 regalos para 16 familiares, donde 2 de esos 3 regalos son invariablemente de tema navideño, osea que para el 6 de enero van a quedar en el olvido del ultimo cajón del ultimo mueble de la cochera hasta el 8 de diciembre (fecha de gran importancia).
Y eso es la navidad, pero también es estar con quienes uno quiere, y si no se puede porque están lejos, no importa porque igual están con uno en el corazón, que es donde esta lo importante.
Así que les deseo una muy Feliz Navidad y un prospero Año Nuevo (jejeje – que cliche), pásenla bien con familia, amigos y seres queridos; coman mucho turrón y cosas pesadas que siempre existe una farmacia a mano para comprar digestivos.
Besos, saludos, abrazos y todas esas cosas.
