Me resulta tan curiosa esa planta cada vez que la veo y me acerco para oler su perfume, espero para que me dé las respuestas y se ría de mí.
Desde pequeña que el mes de noviembre en mi casa se caracteriza por el perfume a jazmín. En casa teníamos tres plantas de jazmines de las cuales hoy en día sólo quedan dos.
Recuerdo que nunca me había gustado el perfume a jazmín, es más, recuerdo cada noviembre cuando mi mamá me mandaba a cortar jazmines temprano para colocarlos por toda la casa, salvo mi habitación, donde jamás llevé ni un pétalo. De mala gana los cortaba diciendo en voz alta que detestaba aquel olor penetrante y dulce que dejaba por todos lados y cada vez que llegaba una visita a casa y soltaba el “que lindos jazmines” yo corría a buscar una bolsa y largar la mayor cantidad de ellos para que se los llevaran.
Hasta que me fui de casa en octubre del 2007 y ese noviembre en el departamento de Villa Nueva, me faltaba algo.
Y me vía a mi misma, sorprendida, ir de visita a casa y recoger muchísimos jazmines para colocarlos en el departamento por todos lados hasta en mi habitación.
Y me oí decir “que rico perfume” “que bella flor”.
Ahora cuando llego a la casa de mis padres me es imposible no acercarme a la planta de jazmines y soltar una carcajada, para contestar la de la planta que me escuchó durante tantos años quejarme de su perfume y ahora me escucha alabarlo.
Este año, como el año pasado esperé que aparecieran los primeros jazmines y ahora voy a recolectarlos cuando voy de visita para poner ese toque que le falta a mis noviembres.







